el último recuerdo
Cierra los ojos. Piensa qué es lo último que recuerdas con nitidez, con especial nitidez. No lo que acabas de mirar al cruzar la calle o pasar ante ese escaparate, y que habrás olvidado en apenas unos minutos o unas horas. No. Piensa en lo último que permanece en tu recuerdo desde hace más tiempo, aunque acabes de vivirlo ayer mismo, y que sabes que seguirá ahí mañana, dentro de un mes o de un año...
Todos tendremos un último recuerdo en el momento de nuestra muerte, ya estemos dormidos o despiertos. Y yo quiero que, cuando me llegue ese momento, mi último recuerdo sea el día en el que un dictador mundial con poderes paranormales anunció la abolición de la guerra, el hambre y el odio. Mientras tanto, y aunque ni de lejos seas ahora mi último recuerdo, ésta te la dedico a ti, IRG, de la que ya no conservo más que tus iniciales, tu nombre de pila, tu imagen y la historia que me quisiste contar, que me dejaste tirado como una colilla de esos cigarrillos que fumas y que algún día te llevarán al panteón familiar.
Esta es la canción de las noches perdidas
que se canta al filo de la madrugada
con el aguardiente de la despedida,
por eso suena tan desesperada.
Ven a la canción de las noches perdidas
si sabes que todo sabe a casi nada,
a carrera en los leotardos de la vida,
a bola de alcanfor dormida en la almohada…
Y tiene nombre de mujer,
como la soledad, como el consuelo,
los fugitivos del deber
no encuentran taxi libre para el cielo.
Esta es la canción de las noches perdidas,
lleva un crisantemo ajado en la solapa,
se sube a la cabeza como ciertas bebidas,
se pega a la desilusión como una lapa,
canta la canción de las noches perdidas,
quema como el gas azul de los mecheros,
sirve para echar vinagre en las heridas,
miente, como mienten todos los boleros.
Y tiene nombre de mujer,
como mi corazón, como tu olvido,
los fugitivos del deber
no tienen más amor que el que han perdido.
Esta es la canción de las noches perdidas,
si quieres te la cambio por un rato en tu cama,
hierve como el ruedo en tardes de corrida,
va como los besos en los telegramas.
Y tiene nombre de mujer,
como la libertad, como la nieve,
los fugitivos del deber
cogen su maldición y se la beben.
Todos tendremos un último recuerdo en el momento de nuestra muerte, ya estemos dormidos o despiertos. Y yo quiero que, cuando me llegue ese momento, mi último recuerdo sea el día en el que un dictador mundial con poderes paranormales anunció la abolición de la guerra, el hambre y el odio. Mientras tanto, y aunque ni de lejos seas ahora mi último recuerdo, ésta te la dedico a ti, IRG, de la que ya no conservo más que tus iniciales, tu nombre de pila, tu imagen y la historia que me quisiste contar, que me dejaste tirado como una colilla de esos cigarrillos que fumas y que algún día te llevarán al panteón familiar.
Esta es la canción de las noches perdidas
que se canta al filo de la madrugada
con el aguardiente de la despedida,
por eso suena tan desesperada.
Ven a la canción de las noches perdidas
si sabes que todo sabe a casi nada,
a carrera en los leotardos de la vida,
a bola de alcanfor dormida en la almohada…
Y tiene nombre de mujer,
como la soledad, como el consuelo,
los fugitivos del deber
no encuentran taxi libre para el cielo.
Esta es la canción de las noches perdidas,
lleva un crisantemo ajado en la solapa,
se sube a la cabeza como ciertas bebidas,
se pega a la desilusión como una lapa,
canta la canción de las noches perdidas,
quema como el gas azul de los mecheros,
sirve para echar vinagre en las heridas,
miente, como mienten todos los boleros.
Y tiene nombre de mujer,
como mi corazón, como tu olvido,
los fugitivos del deber
no tienen más amor que el que han perdido.
Esta es la canción de las noches perdidas,
si quieres te la cambio por un rato en tu cama,
hierve como el ruedo en tardes de corrida,
va como los besos en los telegramas.
Y tiene nombre de mujer,
como la libertad, como la nieve,
los fugitivos del deber
cogen su maldición y se la beben.



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