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viernes, septiembre 23, 2005

novena entrada

En cada momento se debe disfrutar de lo que la vida nos ofrece, no tiene sentido pretender lo que ya pasó ni lo que aún está por llegar, excepto en nuestro recuerdo o en nuestra imaginación, los días que se dejan pasar sin haber aprovechado en nuestro particular exprimidor son días que ya no volverán, la verdadera felicidad se nos brinda a pequeños sorbos, día a día, desde el primero hasta el último de ellos. Son las once y once. Y once. Y cada vez me supone más esfuerzo avanzar. Dame ahora tu calor, lo necesito.

Es un árbol solitario
en un sitio olvidado
de la mano de los hombres,
y quizás de la de Dios.

Su cuerpo retorcido
no alza los brazos,
donde antes descansaban
las aves que buscaban
recobrar su fuerza en él.

Por eso aguarda ahora el rayo
tan temido en su juventud,
para que haga un nido en él la luz del fuego,
que le lleve hacia el Dios que le olvidó,
que le lleve hacia el Dios
que le olvidó.

Y es que el árbol que allí vive
ve cómo su sangre
se envejece, mientras en sus ramas
sólo crece el fruto de la soledad.

Y es tan débil su regazo
que allí ninguna madre anida ya.
Su hojarasca no es ya tan tupida
como lo fue cuando ofrecía sombra al peregrino.

Por eso aguarda ahora el rayo
tan temido en su juventud,
para que haga un nido en él la luz del fuego,
que le lleve hacia el Dios que le olvidó,
que le lleve hacia el Dios
que le olvidó.

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3 Comments:

Blogger *Laura* said...

Esta si que la conozco, me encanta, es de mi Malú y como todo lo que hace ella una maravilla. Un beso, me ha encantado tu post.

1:57 p. m.  
Blogger Larha said...

Suscribo y le sumo el derecho al pataleo ¿liberador?, pero controlado, en pequeñas dosis, para descargar.
Besos.

5:32 p. m.  
Blogger principio de incertidumbre said...

No sé quién es Malú, pero saludos.

Eso es todo lo que hago en este segundo y no lo aprovecho.

3:06 a. m.  

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