segunda entrada
Pequeña adaptación onírica del Ser y la Nada, versada por un Moro, José Luis, al respecto de la patética fragilidad humana. Vestigios de mi sociedad...
Él tenía una vespa roja toda llena de adhesivos,
un descapotable especial y dos preciosos deportivos.
Todas las chicas suspiraban por su amor,
se llamaba J.J., era el relaciones de Oh!
Tenía un apartamento en Majadahonda y un chalet en La Florida,
todos se reían con sus gracias sobre el SIDA.
Veraneaba en Marbella y en Navidades iba a Ibiza,
y en Semana Santa esquiaba en Suiza.
Una noche, mientras sus amiguetes jugaban la última partida de billar,
en el cuarto de baño J.J. se quiso suicidar.
Le ingresaron medio muerto en la UVI del Ramón y Cajal.
La sala de espera abarrotada, lo mejor de la Jet municipal.
Hoy hace un año de eso y J.J. vive en El Escorial,
siempre está en una silla de ruedas, se quedó paralítico cerebral.
Sus más fieles amigas, que una vez al mes le vienen a ver,
se marchan a toda prisa: han quedado en Blues, Alberto Alcocer.
Sus amiguetes se han repartido la vespa y la mesa de billar,
los tres coches están en Londres, en Sotheby’s los van a subastar.
Y J.J. parece cansado, sentado delante del gran ventanal,
la mirada en el infinito, quién sabe en lo que pensará,
la mirada en el infinito, quién sabe en lo que pensará.
Él tenía una vespa roja toda llena de adhesivos,
un descapotable especial y dos preciosos deportivos.
Todas las chicas suspiraban por su amor,
se llamaba J.J., era el relaciones de Oh!
Tenía un apartamento en Majadahonda y un chalet en La Florida,
todos se reían con sus gracias sobre el SIDA.
Veraneaba en Marbella y en Navidades iba a Ibiza,
y en Semana Santa esquiaba en Suiza.
Una noche, mientras sus amiguetes jugaban la última partida de billar,
en el cuarto de baño J.J. se quiso suicidar.
Le ingresaron medio muerto en la UVI del Ramón y Cajal.
La sala de espera abarrotada, lo mejor de la Jet municipal.
Hoy hace un año de eso y J.J. vive en El Escorial,
siempre está en una silla de ruedas, se quedó paralítico cerebral.
Sus más fieles amigas, que una vez al mes le vienen a ver,
se marchan a toda prisa: han quedado en Blues, Alberto Alcocer.
Sus amiguetes se han repartido la vespa y la mesa de billar,
los tres coches están en Londres, en Sotheby’s los van a subastar.
Y J.J. parece cansado, sentado delante del gran ventanal,
la mirada en el infinito, quién sabe en lo que pensará,
la mirada en el infinito, quién sabe en lo que pensará.



2 Comments:
y sucede mas de una vez...
es triste ver esos ojos perdidos en la distancia. No se que pasaría por mi cabeza en un caso asi. No se si pasaría algo en mi cabeza.
Por eso y por si acaso no voy a esquiar en suiza y ni siquiera tengo coche
Y si algun dia me intento suicidar procuraré no errar
pero por lo pronto quiero mucho a la vida asi que no tengo prisa
Donde están las otras entradas????
Nimraithkar: desde la gran distancia que nos separa te conozco bien; tú nunca intentarás suicidarte porque llegado ese momento ya no serías tú misma, sino que sería otra la que lo intentase. No obstante, si alguna vez ocurriere, dile a esa loca que me llame antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse. ¿Las otras entradas, dices? Con gusto añado dos nuevas LETRAS para el inminente fin de semana, pero mis recuerdos no van tan rápido como tus deseos...
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