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martes, enero 22, 2008

obsequiándome

Esto es un regalo que me hago a mí mismo al respecto de cómo era yo hace unas estaciones, aparte del rap de los fans, y en espera de que vuelvan a satisfacerme sin rechistar, como a mí me gusta, como a ella le gusta...

Puedo ponerme cursi y decir que tus labios me saben igual que los labios que beso en mis sueños; puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.

Y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado, tu Dios, tu asesino… o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir que no soy el mejor, que me falta valor para atarte a mi cama; puedo ponerme digno y decir “toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos de un rato, me llamas”.

Y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red, tu adiós y tu “ven”, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío… o tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento y te deja abrazada a una duda, en mitad de la calle y desnuda.

Y si quieres también puedo ser tu abogado y tu juez, tu miedo y tu fe, tu noche y tu día, tu rencor, tu porqué, tu agonía… o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.

_-_

Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar,
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee.
Y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Éramos sólo dos niños, mas tan grande nuestro amor
que los ángeles del cielo nos cogieron envidia,
pues no eran tan felices, ni siquiera la mitad,
como todo el mundo sabe en aquel reino junto al mar.

Por eso un viento partió de una oscura nube aquella noche,
para helar el corazón de la hermosa Annabel Lee;
luego vino a llevársela su noble parentela
para enterrarla en un sepulcro, en aquel reino junto al mar.

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos,
y así paso la noche acostado con ella,
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

Nuestro amor era más fuerte que el amor de los mayores
que saben más, como dicen, de las cosas de la vida.
Ni los ángeles del cielo ni los demonios del mar
separarán jamás mi alma del alma de Annabel Lee...

No luce la luna sin traérmela en sueños
ni brilla una estrella sin que vea sus ojos,
y así paso la noche acostado con ella,
mi querida hermosa, mi vida, mi esposa.

En aquel sepulcro junto al mar,
en su tumba junto al mar ruidoso.

Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar,
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee.
Y crecía aquella flor sin pensar en nada más
que en amar y ser amada, ser amada por mí...

_-_

Hoy hace un año, las calles frías me han visto pasar,
las niñas bajan por la cuesta de uniforme,
la gente corre y la lluvia está empapando el parque.

Pero hoy me has hecho daño, hoy estoy llorando,
los autobuses pasan salpicando y no te veo bajar.
Un olor a ciudad mojada me está asfixiando y tú no llegarás.

Voy corriendo al parque a ver si estás.
Hoy no se ve a nadie en la oscuridad.
Sólo aquel macarra, que lo ves de lejos,
te das media vuelta y serán más de las nueve,
estarás en casa y te llamaré...

Tú no estás en casa, Dios sabe qué mentira contarás.
Tus amigas -focas- se ríen cuando me ven pasar,
doy otra calada a mi cigarro y
me voy quedando solo en aquel bar.

Pero hoy tampoco llegarás, sé que nunca más volverás.
He sido un gilipollas por querer hacerte tan feliz,
pero ahora sé que tengo que matar a la serpiente que hay en ti.

Ya no volverás a verme jamás,
las huellas en el parque se borrarán,
ya puedes cerrar los ojos,
ya puedes besar a otros,
no hace falta que te escondas porque hoy,
hace un año y ya no, no, no te llamaré...

Hoy hace un año.

_-_

...lo peor del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando al punto final de los finales
no le siguen dos puntos suspensivos...

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1 Comments:

Blogger Luis López said...

Enhorabuena por tu blog. Estamos en contacto.

2:42 p. m.  

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