cuando ella lloraba de placer
Quise acercarme para ver cómo lloraba, pero no tuve ocasión. Hube de conformarme con oir sus gemidos desgarradores, su voz rasgada en un llanto incesante del que ella no podía ni quería escapar, con la música de fondo de aquellos azotes que le caían encima sin contemplaciones. Me hubiera gustado especialmente mirarla mientras sólo se la oía llorar nasalmente, adivinándose el falo erecto que ocupaba toda su boca y parte de su garganta, así como la penetración -no sabría decir por dónde- de la que también se la oía disfrutar intensamente. Me pareció que, sin querer, le propinaba un leve mordisco al hombre que la amamantaba.
Pero no pude verla. Primero, porque tenía dos mujeres sobre mí, negra y blanca cual partida de ajedrez que, apenas sin competencia, ganaron las blancas pero no por jaque mate, sino por comerse las piezas del juego antes que su adversaria. Después, porque me hallaba manipulando el interior de mi compañera con la intención de batir una marca que todavía se me resiste, y no soy hombre que se conforme con medallas de plata. Y de tanto manipularla, ella me volvió a derramar sobre su cuerpo y sobre las telas que cubrían el improvisado lecho.
Así que, desde aquella madrugada en la que quedó patente que un combinado triple es siempre mejor que uno doble, solamente puedo imaginar a esa mujer que lloraba y lloraba de placer... y creo que, paradójicamente, es mucho mejor la necesidad de imaginar su cara y su cuerpo, que la posibilidad de recordarlos.
Ahora te debes callar,
y vas a saborear
el exquisito manjar
que pongo en tu boca.
Sé que me harás disfrutar
y que te vas a esmerar.
Como siempre lo harás
muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Pero cariño no pares,
tú sigue y no hables,
que Dios te lo pague
que lo haces muy bien.
Mientras yo me concentro,
chúpala más adentro
que ya llega el momento
y lo has hecho muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien. Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien.
Pero no pude verla. Primero, porque tenía dos mujeres sobre mí, negra y blanca cual partida de ajedrez que, apenas sin competencia, ganaron las blancas pero no por jaque mate, sino por comerse las piezas del juego antes que su adversaria. Después, porque me hallaba manipulando el interior de mi compañera con la intención de batir una marca que todavía se me resiste, y no soy hombre que se conforme con medallas de plata. Y de tanto manipularla, ella me volvió a derramar sobre su cuerpo y sobre las telas que cubrían el improvisado lecho.
Así que, desde aquella madrugada en la que quedó patente que un combinado triple es siempre mejor que uno doble, solamente puedo imaginar a esa mujer que lloraba y lloraba de placer... y creo que, paradójicamente, es mucho mejor la necesidad de imaginar su cara y su cuerpo, que la posibilidad de recordarlos.
Ahora te debes callar,
y vas a saborear
el exquisito manjar
que pongo en tu boca.
Sé que me harás disfrutar
y que te vas a esmerar.
Como siempre lo harás
muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Pero cariño no pares,
tú sigue y no hables,
que Dios te lo pague
que lo haces muy bien.
Mientras yo me concentro,
chúpala más adentro
que ya llega el momento
y lo has hecho muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien. Lo estás haciendo muy bien, muy bien.
Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien.
Etiquetas: pasión



1 Comments:
semen up! jajaja
parece que aquella llorona dejó huella, jaja.Si es por hacer teatro, puedo ser buena actriz ;) Sólo hubo uno (Héctor) que me hizo gritar-llorar de una forma similar a ella, y no era teatro, pero sólo me pasó con él.
una medalla de plata no está nada mal. El oro sigue en la polla de quien me lo dio.
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